Yo, con
afanes de salir del tedio y del encierro que ya me tenía atormentada, decidí
aventurarme a caminar, simplemente a eso, recorrer mi pueblo, metro a metro,
paso a paso, a ver que me encontraba de interesante en sus
calles.
Pronosticaba,
unos dos o tres racimos de personas regadas en el parque, típico; el único
lugar del que se espera que haya gente, aunque no mucha, pero la había. Pero yo
no salí de mi cueva en busca de esos seres, yo iba en busca de alguien más
importante para mí, y mas interesante en lo que yo conozco, iba en busca de mi;
y en busca de ese tiempo que casi no me doy para analizar las cosas que suceden.
En lo
mucho o poco que sé de mi, me podría definir como una adolescente más, con
miedos, pero totalmente dispuesta a vencerlos, y con muchos sueños,
preparadísima para cumplirlos y saborear esa victoria que consigo traen.
Di un paso fuera de mi casa, un viento medio fuerte y frío me rozó la
cara, -No importa, pensé, creo que nada impedirá que yo salga.
Escuchando
a mis Beatles, Zoé, Franco de Vita, Adele y una canción de Queen, fui al
parque, y en efecto, allí habían varias personas; no me causó mucha impresión,
era de esperarse que en su mayoría se quedaran mirándome. Detesto esa
sensación, pero como siempre por un impulso inconsciente, alcé la mirada, me
acomodé el cabello y seguí caminando, aunque sentía que mis largas piernas se
enredaban como espaguetis, hasta se me daba la impresión que se me estaba
olvidando caminar.
-¡Bah! Bufé, es lo típico, la gente se queda mirándote,
y empiezan a hablar cosas como: Se engordó, se puso flaca, está bonita,
está fea, ¿Sabe cuál es el novio de ella?, y ese milagro que ella salga, ¿Para
donde ira?... blah, blah, blah ; primera cosa que me llevó a pensar, ¿Por qué
las personas son tan entrometidas en la vida de los demás? ¿Es que acaso será
eso divertido? ¿Acaso les darán de comer entre más comentarios y chismes
inventen de los demás? ¿Es que no pueden vivir sus vidas y dejar a los demás en
paz? ¡Esas personas me sacan de quicio! pero bueno, mi misión era seguir
caminando.
Elegí las
calles más solas, vacías y aparentemente peligrosas, tenía una gran necesidad
de sentirme viva, así fuese solo pensando. Veía casas, apartamentos, farolas
medio encendidas, y una soledad intensa, perfecta para dialogar conmigo.
¿Que
estoy haciendo bien? espero que todo, aunque sé muy bien que no es así,
pero autosugestionarse de lo anterior no es la mejor opción, la
idea es ir moldeándose según las experiencias y los aprendizajes. ¿Qué
tengo que hacer con mi vida? No lo sé, lo único que conozco es que
debo alcanzar mis metas. Todos esperan siempre algo de ti, hasta el punto de
llegar a creerse con el derecho de que pueden moldear tu vida a su antojo, pero
no, uno mismo es el forjador de su destino; no las juzgo, tal vez en su vida se
vieron frustrados en algo, y no quieren que uno viva esa horrible experiencia.
Empezó a
llover, no hice lo que cualquier persona "cuerda" haría: abrigarse
y refugiarse, no, caminé por toda la mitad de la calle y me quité el
abrigo que llevaba puesto; sentir las gotas de agua sobre mi piel reconfortaba
mis poros y me hacía sentir feliz. Vi personas sentadas en los andenes, solas,
tal vez en la misma condición que yo, reflexionando, tal vez tristes o
posiblemente descansando y pensando en cosas banales, al fin y al cabo, no
era de mi incumbencia.
¡Apareció
mi mejor amiga! Me llenó de felicidad, hermosa luna, ¡Hace cuanto que no la
contemplaba así de bella y elegante como siempre!, la miré fijamente y dejé que
su luz me invadiera iluminando los sentimientos más oscuros y pesados que
tengo, y me hiciera feliz. El frío de la noche ya no parecía mi enemigo, ahora
era mi consejero, no siempre lo calientito es el bienestar, el frío también te
da vida. Me declaro una fiel amante de la noche.
Caminé
unos cuantos pasos más, me dejé llevar por la oscuridad tremenda en la que
terminaba una calle “peligrosa”, según dice la gente de aquí posibles seres
“sobrenaturales” estarían al acecho; sinceramente no le pongo mayor relevancia
a eso, como muy bien lo dice mi mamá: “Hay que temerle es a los vivos, no a los
muertos”. Alcancé a pensar en cruzarla pero mi desenfrenado instinto de
aventura no permitió detener mis pasos. Tuve una fea sensación, un mareo, pero
a la vez una descarga, creo que eso fue adrenalina; pensé para mis adentros –
¡Estoy viva! Mi meta se ha cumplido, crucé esa calle, nadie me lo impidió, no
me paso nada, ¿Cuestión de mitos? ó ¿Cuestión de suerte?.
La típica
frase de mi madre siempre me pone a pensar, como muy bien lo dijo Hobbes: ¿Será
que el hombre es un lobo para el hombre? Estoy empezando a creer que si,
o ya ni se sabe que creer en esta controvertida realidad; no solo en la
realidad, si no a lo largo de la historia.
Hablando
de historia, también me puse a pensar, tantos sucesos importantes, tanta gente,
tantas cosas que han sucedido en cada una de esas calles; sucesos tan parecidos
a esta actualidad, tantas cosas por venir, ¡ah! Mejor es no atormentarse con el
pasado, ni malgastar tiempo tratando de predecir el futuro, solo ¡Vivir el
presente!
Me fije
que todo a mi alrededor se estaba poniendo se acuerdo para hacerme sentir viva,
¡Justo lo que necesitaba! la naturaleza me estaba brindando su amor, allí me
volví a dar cuenta que ser feliz no es tener solo cosas materiales que
complacen al cuerpo, sino las cosas más simples, como el mismo mundo que con
sus historias que lleva el viento, dan alimento al alma. Calles oscuras como un
corazón, esperando a ser descubiertas, y recorridas.
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@PaulitaBuitrago
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